A partir de los
años 80 Valencia ha vivido un espectacular incremento de la construcción de
viviendas. Gracias a políticas que favorecían la edificación, mediante la
recalificación de suelos y de precios accesibles en materiales y mano de obra,
la ciudad y los pueblos alrededor han experimentado un cambio significativo en
su planteamiento urbanístico.
La capital además
ha invertido en obras monumentales, cuales la Ciudad
de las Artes y las Ciencias o el Gran Premio de Fórmula 1 (con la
consecuente modernización de toda el área del puerto), situándose así en el
mapa y aumentando remarcablemente la cantidad de turistas que disfrutan de su
hospitalidad.
En 2008 estalló la
burbuja inmobiliaria y los precios de primeras y segundas viviendas no han
hecho más que bajar desde entonces. Sobran inmuebles por doquier en la capital
levantina, incluso en las zonas más exclusivas, como la mismísima Ciudad de las
Artes y las Ciencias.
La cantidad de pisos en venta en
Valencia rebasa ya la demanda y eso juega claramente a favor de los que
tengan la posibilidad de comprar.
Por si fuera poco,
la introducción de parámetros de calidad impuesto por la Unión Europea, ha
contribuido a mejorar la calidad de las viviendas nuevas, como por ejemplo con
un mejor aislamiento o una renovada eficiencia energética del inmueble.
Una vez superado el
escollo de la obtención de una hipoteca (cosa nada fácil, vistos los parámetros
cada vez más restrictivos que utilizan los bancos a la hora de concederlas),
resulta difícil predecir un ulterior decremento en la evaluación de los
inmuebles. Así que el comprador se encontraría con una buena inversión, una
vivienda razonablemente económica, una ciudad renovada y con un coste de la
vida inferior a lo que era hace unos años.
Todo ello apunta
decididamente a que es un buen momento para invertir en Valencia, bien se trate
de pisos, áticos, adosados o chalets.
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